Releyendo el pasado post compruebo estupefacto que me ha salido demasiado celestial, así que hago una apostilla para rectificarlo y clarificar un poco algunos aspectos sombríos e inquietantes. Es conveniente diferenciar entre la obra que realiza alguien ya las cualidades personales del autor, a Mauricio le admiro en sus obras pero dudo mucho que aguantase más de diez minutos a su lado. Junto a una serie de virtudes evidentes, también creo entrever aspectos oscuros que no he señalado.
Mauricio es un tipo clasista y un esnob consciente y orgulloso de sí mismo, basta asomarse a su página y ver la galería de fotos de su página web para ver a un personaje peripuesto que parece provenir de un pasado ya desaparecido. Habla con una verborrea llena de pedantería y cultura clásica, sabe todo de todo y está bastante pagado de sí mismo.
¿En que medida hace esto que juzguemos sus libros de otra manera? De ninguna, una aspecto es la obra y otra su autor, enjuiciar una obra por las características morales o cualesquiera otras del autor me parece una de las cosas más estúpidas que pueda hacerse.
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martes, 15 de febrero de 2011
viernes, 11 de febrero de 2011

MAURICIO WIESENTHAL
Me pregunta mi amigo Sergio sobre Mauricio Wiesenthal precisamente cuanto estoy acabando su libro El esnobismo de las golondrinas. ¿Qué decir de Mauricio? Pues puedo decir que sus obras no me gustan… me fascinan.
Los libros de Mauricio son una mezcla experiencia viajera, memoria biográfica, erudición y amor a la cultura europea. Me refiero a sus dos títulos más famosos, el citado anteriormente y el Libro de Réquiems, aunque su obra abarca casi un centenar de volúmenes que incluyen novelas, biografías, ensayo e incluso poesía.
Recomiendo leer vidas de escritores porque después uno puede leer cualquier cosa sin caer en el aburrimiento. Salvo excepciones son vidas aburridas de hormiguitas trabajadores dedicadas a su labor de juntar letras (de ahí la tendencia a inventarse historias inverosímiles sobre sí mismos). Por el contrario la vida de Mauricio parece apasionante y apasionada, es un bon vivant que ha recorrido medio mundo moviéndose en los círculos elegantes y cultos de la sociedad con su estética de caballero old-fashioned. Me recuerda de manera evidente a la figura de Stefan Zweig, a quien considera su maestro. Mauricio es, en definitiva, todo lo contrario del “belenestebanismo” pujante de hoy en día.
Nacer cuando las luces se apagan es el nombre de sus memorias, un título muy adecuado para un hombre que nace cuando la Segunda Guerra Mundial está a punto de acabar llevándose para siempre los modos, maneras, ética y estética de la vieja Europa. No encuentro mejor ilustración que esta foto suya en el Café Florian de Venecia, elegante, pasado de moda, rodeado del aura que desprenden las piedras y la historia de la Plaza de San Marcos, que como la vieja Europa se hunde de manera irreversible.
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