miércoles, 28 de diciembre de 2011

EL MIEDO


Esa magnífica editorial que es Acantilado publica El miedo una desconocida obra del autor francés Gabriel Chevalier en la que narra sus experiencias en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. El autor sobrevivió a un calvario de tres años compuesto de piojos, heridas, mutilaciones, muertes brutales, cadáveres, frío, hambre y miedo mucho miedo. Más que El miedo, tal vez la novela debería titularse el terror (o el horror), porque esa es la sensación con la que se queda el lector al acabar la obra.
La crudeza con que Chevallier describe el día a día de la guerra, el sufrimiento de los soldados y el retrato inclemente de sus superiores. Casi un siglo después el resultado aún es conmovedor. A mi juicio es infinitamente mejor que la mucho más afamada Sin novedad en el frente, ya que además de describir la desoladora vida del frente se nos relata de manera estremecedora el miedo que sufren los soldados al afrontar la muerte en el campo de batalla. Chevallier descubre que los soldados de cualquier guerra son presa del miedo, un miedo omnipresente capaz de paralizarlos o, en ocasiones, llevarlos a la huida, la mutilación o incluso el suicidio. Proclamar que los heroicos soldados franceses eran víctima de un terror indiscutible provocó un verdadero escándalo en Francia e incluso la novela sería retirada de la circulación en 1939, al inicio de la Segunda Guerra Mundial.
El relato no describe la guerra, sino la guerra de un soldado, algo muy diferente de lo que aparece en cualquier libro de historia. La relación que hace Jean Dartemont, el alter ego del autor, de su vida de soldado es la de un testigo ajeno a cualquier privilegio. Utiliza de manera continua el presente de indicativo y el desorden, como un cuadro futurista, lleno de movimiento, fragmentación y sensaciones que se extiende a la largo de una narración en la que el miedo es la única amalgama que une sus terroríficas peripecias.

lunes, 26 de diciembre de 2011

THE ARTIST


La película lo tiene todo para no gustar al público actual: muda en blanco y negro, con un tema tan actual como el fin del cine mudo. El director luce un impronunciable apellido y es muy conocido en su casa, al igual que los dos excelentes actores principales. La producción para más INRI es francesa, ese cine que se gana el pan haciendo “obras maestras” de dudoso recuerdo en, pongamos, diez años.
Sin embargo, The Artist es gran cine. Poco importa que sea una película de estética antigua en el mundo de la 3D, poco importa que hable del cine mudo en la era digital. Lo que realmente es significativo es que es una historia de las que emociona al público, una historia que recupera la base de toda buena historia: hacernos desaparecer del mundo real para pasar a vivir la vida de unos personajes que nunca han sido.
La historia de The Artist recorre el camino que lleva desde la gloria a la hecatombe, del desprecio al amor, de la desdicha a la felicidad. Todo en 89 trepidantes minutos que si uno es inteligente no debe perderse.

lunes, 19 de diciembre de 2011

ANOS DE VERTIGO


Fabuloso este libro de la editorial Anagrama que desgrana el periodo crucial de la historia europea que precedió a la Primera Guerra Mundial.Philipp Blom, que ya nos deslumbró con ese magnífico libro que es "Enciclopedia",deleita con su prosa tan erudita como cargada de interés.
Para el autor esa época es el momento en que se fragua todo lo que adquiriría una importancia decisiva a lo largo del siglo XX: las vanguardias artísticas, el consumismo, el deporte, las ideas racistas y políticas e incluso la liberación de la mujer. Lejos de ser una edad de oro reposada y estática, la visión que tenían de sí los que vivieron en aquella época era la de una edad de cambios frenéticos y continuos sobresaltos (como la revolución rusa de 1905). Para el autor esa época fue el momento en que se formaba la sociedad de masas en la que todavía nos hayamos inmersos.
En los quince capítulos del libro -uno por cada año-, el autor compone un retrato de la realidad política y cultural abordando diversos hechos decisivos de la época. Comienza con la Exposición Universal de París realizada en 1900 para festejar el inicio del siglo. Pasa después a retratar al temible Kaiser Guillermo, el suntuoso ambiente cultural de Viena, las atrocidades perpetradas en el Congo, el feminismo, los avances de la tecnología, etc.
El libro comienza con la descripción de una fotografía (un coche en una competición automovilística)que inexplicablemente la editorial española la ha sustituido por otra bastante peor y que deja al lector un tanto despistado.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LOS LIANTES


Retomando mi admiración por el manifiesto de la generación Co.Do.Co voy a hablar de una de las obras de Esteso y Pajares “Los Liantes” que inesperadamente ha tomado una actualidad avasalladora. La película narra la historia de un par de empresarios (por no decir sinvergüenzas) que deciden que la mejor solución para su compañía es que el Estado se haga cargo de ella y afronte las pérdidas de su gestión al tiempo que ellos pueden seguir llevando su próspero ritmo de vida.

Ignoró si Iñaki Undargarín ha visto la película o si bien el montaje de su exitosa empresa se lo debe en exclusiva a su cerebro privilegiado. En cualquier caso está claro que esa película ha marcado profundamente a empresarios y banqueros de este país y, si no lo creen, a los hechos me remito.

Desgraciadamente una de las características de la ficción es que muchas veces es incapaz de superar a la realidad en surrealismo, estupidez y delirio.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

LITERATURA DEL OLVIDO (Capítulo Final)


ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO

Indudablemente Ernesto Giménez Caballero es uno de esos escritores que ha dejado huella en la literatura española, no por la calidad de su obra sino por la práctica de dos cualidades que se han convertido en sólidos principios del mundo intelectual. A saber: la afiliación a causas políticas radicales y desquiciadas, combinado con la práctica del peloteo más descarado al poder.
Nuestro personaje de hoy es, ante todo, un escritor político. Hoy en día se entiende por fascista a cualquiera que critique o no demuestre su entusiasmo por los sacrosantos principios de lo políticamente correcto. Ernesto era fascista, pero de los de verdad, de los de camisa azul y loa al caudillo.
Sin duda, es uno de esos personajes curiosos e inclasificables, vencedor de la Cruzada pero también uno de los fundadores de las Juventudes Socialistas; defensor del casticismo y al tiempo un entusiasta propagador de las vanguardias.
La principal característica de este hombre parece ser su excentricidad, lo que le hace ser doblemente maldito, para la derecha es un personaje molesto y delirante, para la izquierda un fascista. Comienza su carrera en el magma esquizofrénico de las vanguardias literarias como el surrealismo y el ultraísmo. A ambas tendencias les marca un deseo de innovación que muchas veces les lleva a un desvarío que cuadra muy bien con nuestro personaje.
Se declara confeso admirador del protofascista Marinetti, comenzando así su rumbo hacia el fascismo italianizante que su matrimonio con una italiana acentúa.
El primer éxito le llega con Notas marruecas de un soldado, que refleja su experiencia en la guerra de Marruecos, lo que le supone un proceso militar del que le salva Primo de Rivera.
En 1927 funda la Gaceta Lieraria, revista en la que publica lo mejor de la generación del 27. Ernesto se codea con lo mejor del mundo intelectual, pero su pensamiento empieza a derivar desde las vanguardias extranjerizantes a la defensa de un casticismo españolista que consagra en obras cuyos títulos son emblemáticos: Los toros, las castañuelas y la Virgen. El título lo dice todo. Sin embargo, su "gran obra" ideológica será Genio de España.
No contento con este dislate publica Yo, inspector de alcantarillas, un conjunto de doscientas páginas en las que se mezclan versos libres y relatos de carácter surrealista, por no decir demencial. En esta época surge su interés por esa novedad que es el cinematógrafo, abriendo el primer cine club de España, donde se estrenará La edad de oro de Buñuel.
En la década de los treinta se adscribe al fascismo y es miembro fundador de las JONS, interviniendo en su publicación La conquista del Estado. Como sus colaboradores en la revista ni le entienden ni le soportan debe escribir en solitarios varios números, hasta que Ramiro Ledesma viendo el rumbo extraviado que toma la publicación le aparta del movimiento.
Al surgir la Falange se afilia y publica en su revista F.E., pero sus delirantes ideas hacen que José Antonio también le aparten del movimiento. Nadie parece comprender o soportar a Ernesto por largo tiempo.
El estallido de la guerra civil le sorprende en Italia, pero pone rápidamente rumbo a Salamanca donde junto con Millán Astray dirigirá la organización de la propaganda y será un firme defensor de la unificación de falangistas y tradicionalistas.
Una de sus más delirantes ocurrencias sucede durante la Segunda Guerra Mundial al proponer el matrimonio de Hitler con Pilar Primo de Rivera, la hermana de José Antonio, para "catolizar" al líder germano.
Personaje siempre molesto, el general Franco decide deshacerse de él mandándole como embajador a varios países suramericanos. Moriría en Madrid en 1988.

viernes, 25 de noviembre de 2011

GENERACIÓN CO.DO.CO.


Leo con enorme interés el manifiesto de lo que se denomina generación Co.Do.Co. (acortando lo que ya de por si es una declaración de principios: Con Dos Cojones). En estas horas bajas de crisis un manifiesto como este me parece de IMPRESCINDIBLE LECTURA.

sábado, 19 de noviembre de 2011

ESCRITORES DELINCUENTES



José Ovejero escribe un interesante ensayo sobre escritores que de alguna manera u otra acabaron en la cárcel. Aquí se dan cita dos tipos, por un lado la gente del mundo literario que comete algún crimen (los que más abunda son el robo y el asesinato de la esposa), por otro, el de delincuentes que descubre en prisión su vena literaria.

Es arquetípico el caso de Thomas Mallory, autor de La muerte de Arturo. En esta obra ensalza la idealización del espíritu de la caballería medieval, su generosidad, sacrificio y grandes ideales. Todo muy bonito, salvo que Sir Thomas escribía su obra mientras estaba en la cárcel detenido por traición, robos y violaciones. Tal y como dice Ovejero: “Debo confesar una cierta perplejidad por el dilema en el que se encontraban los eruditos. ¿De verdad les costaba tanto aceptar que alguien pudiera escribir páginas sublimes y ser un miserable? ¿O que se pueda predicar una cosa y practicar la opuesto? La historia de la literatura abunda en ejemplos de palabras virtuosas unidas a actos infames”.

Algunos pueden caer incluso simpáticos como Alvaro Mutis que sustrae dinero a la compañía en la que trabaja para irse de juerga con sus amigos o el estafador Sir Jeffrey Archer. Otros nos parecen un tanto desfasados como los crimines pasionales de Remigio Vega Armenteros y María Carolina Geel. Aunque la mayoría resultan tan despreciables y desagradables como sus vidas, es el caso de Maurice Sachs o Genet.

Especialmente repugnantes me resultan Chester Himes y Abdel Hafed Bentoman, a quienes por lo visto la sociedad no sólo debe perdonarlos, sino que debe compensarlos de alguna manera por haber cometido sus crímenes. Un caso aparte es Jimmy Boyle un sujeto que tiene como objetivo en su obra autobiográfica narrar lo mala que es la sociedad y lo bueno que es él. Al final con sus libros exculpatorios logró la libertad, casarse con una mujer rica, vivir en mansiones de lujo y tener un helicóptero.

Me parece justo citar a Hugh Collins, también un delincuente escritor que asegura lo siguiente: “Jimmy Boyle a lo mejor es capaz de aguantar todo eso, los debates políticos sobre las causas de la delincuencia, las declaraciones sobre la pobreza, pero yo no puedo. No puedo echar la culpa a otros por lo que he hecho, culpar a mis padres, a mi abuela o algún otro. La cagué yo.. Maté a un hombre y no sé por qué”.

He empezado hablando del caso ejemplar de Mallory voy a acabar con otro. Norman Mailer se carteó con Jack H. Abbot, un presidiario con un largo historial delictivo que había pasado más de catorce años en celdas de castigo por su comportamiento violento. Tanto le fascinaron sus cartas que le ayudó a obtener la libertad condicional. Abbot fue recibido con entusiasmo por los círculos literarios neoyorquino, esa izquierda exquisita de millonarios superguays. Seis semanas después de quedar en libertad el angelito liberado mató de una cuchillada a un camarero con el que tuvo una discusión.

domingo, 13 de noviembre de 2011

HOTAL KAFKA (II)






Sigo narrando la presentación de la novela de Alberto Olmos en Hotel Kaka que deje colgado en la última entrega. La intervención de Alberto se vio interrumpida varias veces por Rafael Reig que hizo varios comentarios divertidos y marcaa el acto con un ambiente divertido y desenfadado que creo gustaría a todo el mundo. Alberto empezó hablando sobre el excesivo peso que tiene la corrección política en la literatura acutal: “Los buenos sentimientos no hacen buena literatura. Si alguien hace un libro para defender una buena causa es más que probable que la obra no sea buena. Las buenas intenciones no hacen buena literatura, lo que hace son libros de pajilleros que producen placer a su autor (y a menudo beneficios). De hecho el fracaso de la falsa solidaridad es un hecho, es más, muchos utilizan esas buenas intenciones para hacerse buenas vidas y ganarse buenos sueldos”.

Dicho esto habló sobre el papel del escritor. “Recuerdo que Martín Amis en su obra autobiográfica Experiencia hablaba de que le preguntó a su padre de que clase social eran ellos. El padre le respondió que ellos no creían en eso. Nada más lejos de la verdad. Yo he viajado a Nueva York con gastos pagados para hablar ante un público que era la mitad del que está hoy aquí (En Hotel Kafka habría unas cincuenta personas). Me parecía que no me lo merecía, y que de alguna manera estaba estafando y gastando dinero público de una manera absurda, muchos de los escritores consagrados, amigos de la solidaridad y buenistas de tomo y lomo ni se planteaban eso. Ellos se merecían eso y más.

Esas actitudes me parecen estúpidas. Esa prepotencia se extiende a otros casos. Una periodista me preguntaba hace poco sobre qué es lo que hay que hacer para salir de la crisis. Y yo qué sé. El escritor es una persona que escribe no una especie de sabelotodo engreído”.

Habló de dos temas presentes en la novela internet y el sexo. “No es una novela sobre internet, ésta está ahí y ya está, no es más importante que, por ejemplo los ascensores para el desarrollo de la novela. En cuento al sexo hubo división de opiniones, según Alberto la gente le decía que era demasiado omnipresente, según Reig había demasiado poco. Es imposible que llueva a gusto de todos.

Por último evaluó su trayectoria literaria, considerando esta última novela la mejor hasta el momento. “Mi primer obra la escribí con 23 años, es decir, era muy joven y no tenía ningún contacto con el mundo literario, no conocía otros escritores o gente del mundo editorial. Era una obra muy personal a la que premiaron como finalista del premio anagrama, pero que hoy considero muy ligada a todas esas circunstancias. Quizá la mejor valoración de lo que he escrito es el que hizo una persona que me dejo un comentario en mi blog asegurando que la primera estaba demasiado cruda y las otras demasiado cocinadas. Espero haber alcanzado ahora el punto”.

Pues ya veré cuando la lea, ya publicaré la crítica.

viernes, 11 de noviembre de 2011

HOTEL KAFKA (I)


RAFAEL REIG

Acudo a la presentación de Ejército enemigo la última novela de Alberto Olmos que tiene lugar en Hotel Kafka, una de las más afamadas escuelas de escritura creativa de Madrid. Los honores de la presentación caen sobre Rafael Reig que aparece con su característica sonrisa y u tono desenfadado.

Rafael Reig me cae bien porque tiene sentido del humor, no se toma demasiado en serio y es un buscaproblemas de cuidado. Recuerdo que en la Feria del Libro la lió al presentar su novela Todo queda perdonado. No se lo ocurrió otra cosa que meterse con la derecha (lo que puede provocar rechazo entre el público, pero entra dentro del canon políticamente correcto) con la izquierda socialdemócrata (se puede uno imaginar el rasgamiento de vestiduras), para acabar declarándose comunista y antidemócrata ante un público estupefacto que no daba crédito a la ruptura del dogma democrático defendido por toda persona bienpensante.

Aquí la cosa fue mucho mejor. Voy a reproducir más o menos aproximada y de manera resumida lo que dijo:

“La novela de Alberto va de la sociedad actual, que es una cosa de la que no tengo ni idea. Tal vez sea que veo poco la tele y como ya se sabe sólo sucede y es importante lo que sale en la tele, sin no sale no existe. Así que yo me quedo estupefacto cuando veo en la pantalla una concentración de gente en Londres que se pone en pelotas, las chicas enseñan las tetas, protestando contra el hambre en Somalia. A la semana siguiente en Paris otra manifestación de gente en pelotas, las chicas enseñan las tetas, protestando contra el calentamiento global. Una quincena después otra concentración de gente desnuda en Roma, las chicas enseñan las tetas, protestando contra la explotación del Tercer Mundo. Parece que lo único que puede sacar a los oprimidos y hambrientos del tercer mundo es ver las tetas de las chicas ricas, éste es un objetivo razonable, pero los considero de escasa efectividad.

La novela de Alberto va de eso, de esa engañifa de la falsa solidaridad que hace que purguemos nuestros pecados con actos pequeños y un tanto absurdos, que hacen que nos consideremos buenos, que estemos entre los salvados, que compremos una parcela en el paraíso de los buenos sentimientos.

Esta obra es sólo una novela política, también es una ficción policíaca cuya trama está trabajada y tiene un interesante personaje principal que tiene cosas de ese personaje de su blog lector malherido. Es de las novelas que me gustan, esas que uno lee para saber cómo acaban”.

A continuación interviene Alberto Olmos, pero eso lo dejo para el siguiente post.

domingo, 6 de noviembre de 2011

PRIVADO DE TÍTULO


Leo Privado de título de Andrea Camilleri, lo hago por error porque mi amiga Noelia me recomienda la lectura de alguna de las novelas policíacas de Montalbano. Lo que me encuentro es otra cosa, la obra no pertenece al ciclo de novelas protagonizado por ese investigador, de hecho, apenas hay investigación policial, detective o todo lo común en una trama de este género. La novela supera las fronteras del género policial para convertirse en una reflexión sobre la ficción y la realidad.

Me entero así que Camilleri tiene además de su serie policíaca un par de novelas sobre la Italia fascista que conoció durante su infancia. La novela esta basada en un par de hechos a cual más sorprendente, uno el asesinato de joven fascista en una disputa tumultuaria antes de que el fascismo llegue al poder, otra la no menos sorprendente historia de Mussolinia, un proyecto de ciudad ideal en Sicilia que nunca se llevó a cabo.

La muerte del joven fascista se convierte en una investigación para deslindar la verdad en un momento y en un lugar en el que nadie está interesada en ella, es más, desvelarla puede traer todo tipo de males al que lo haga. Una sorprendente novela sobre las realidades virtuales a las que tienden los políticos y como la verdad se cuela por ese mundo ficticio e interesado en el que a tantos les gusta moverse.

Aunque me parece recomendable tengo que reconocer que sus hechuras me parecen un poco anticuadas, ya que está hecha empleando las técnicas narrativas de los 70, a base de recortes de periódicos, declaraciones judiciales, etc, que hoy en día quedan un tanto desfasadas.

lunes, 31 de octubre de 2011

EL HOMBRE DE MODA






Alberto Olmos copa la porta de El cultural y de la revista Qué leer, cosa curiosa para un escritor que no era demasiado popular hasta hace muy poco. Me sorprende el hecho de este repentino éxito, no por el éxito en sí mismo sino cómo lo ha alcanzado. Por lo general, el éxito le llega a un escritor cuando su obra conecta con el gran público, también puede darse el caso que no llegué a un publico masivo pero sí a uno especializado que le convierte en un escritor de culto o “de calidad”.
Alberto tiene ya una dilatada carrera que comenzó al quedar finalista del premio anagrama en el 98. A esto han seguido cinco novelas que han recogido buenas críticas, pero que no le han hecho ni ser muy popular ni vender muchos libros, objetivo al que aspiran todos los escritores aunque afirmen lo contrario.
¿Qué es lo que ha sacado a Alberto del mundo especializado de la literatura? Internet. Alberto tiene dos blogs, ambos muy recomendables. El primero es el personal que puedes encontrar aquí http://hkkmr.blogspot.com/ y un segundo no menos brillantes con su otro yo, el Lector-malherido. Un blog descacharrante y muy personal que le ha consagrando hasta el punto que algunos de sus post han sido recopilados en libro.
Éste último se ha convertido en uno de los blogs más visitados de carácter literario y es el que le ha consagrado para que Mondadori le publique su última novela Ejército enemigo, que acaba de salir ahora mismo. La revolución de internet ha llegado a la literatura, también en la promoción.

viernes, 21 de octubre de 2011

LITERATURA DEL OLVIDO IV



EMILIO CARRERE

Hasta ahora los perfiles de literatos que he publicado en este blog están marcados por la desgracia, el hambre y la miseria. Todo lo contrario sucede con la figura de Emilio Carrere, uno de los autores españoles más populares de la primera mitad del siglo XX. A pesar de este éxito hoy está, como tantos otros, en el negro pozo del olvido.
Es curioso ver cómo pocas veces la historia de la literatura se ocupa de escritores que en su momento, o directamente nunca, están entre los más leídos. Se puede decir que hay dos historias de la literatura: por un lado la seria y canónica; por otro, la popular, los libros que realmente la gente lee. Algunas veces ambas se entrecruzan, pero en la mayoría de los casos son mundos paralelos.
Si hay alguien que no parece marcado para el éxito ese es Emilio Carrere, ya que es hijo ilegítimo y su madre muere al mes de nacer. Queda así casi en la indigencia al cuidado de su abuela. Estudia en una escuela para gente sin recursos y en su juventud alterna los billares de los golfos con las tertulias literarias, donde destaca entre la multitud de aprendices de poetas modernistas. En 1902 consigue publicar su primera obra Románticas de tono becqueriano.
Fascinado por la estética decadente del modernismo y por sus ídolos Verlaine y Rubén Darío se dedica a frecuentar los círculos bohemios donde lleva una vida desordenada de largas noches de alcohol y mujerío fácil. Emilio, al contrario que tantos otros, sabe nadar y guardar la ropa, ya que su padre, un periodista bien relacionado con el mundo político, le consigue un puesto de funcionario en el Tribunal de Cuentas. Es raro encontrarle en este trabajo, pero el puesto lleva aparejado un sueldo seguro aunque poco cuantioso.
Así que, al contrario de la mayoría de los bohemios desastrados y macilentos de inicio del siglo XX, él tiene unos ingresos fijos. También, al contrario que la mayoría de ellos, tiene talento, capacidad de trabajo y, cosa más rara aún, éxito. Su poema La musa del arroyo se convierte en un poema popular entre el público y apreciado por la crítica.
Ese es el primer Carrere, el poeta modernista que tal vez sea el de mayor valor literario. Cuando el modernismo se diluye y los bohemios van acabando en el hospital, el manicomio, la tumba o la cárcel, Carrere no se deja amilanar por el auge de las vanguardias, ese descacharrante ultraísmo hispánico de nombre y principios delirantes y decide buscar nuevas vías. Las encuentra en la novela, el teatro e incluso la Zarzuela.
Es el gran momento de las novelas cortas y populares que el público compra a un precio bajísimo antes de que aparezca la radio o el cine como entretenimiento masivo. Rápidamente se convierte en una estrella del género, en el que destaca como un marrullero consumado. Se autoplagia, compone nuevas novelas con fragmentos de otras y hace mil y un equilibrios para mantener una cuantiosa producción de tanto éxito como poca calidad.
Toda esa actividad le proporciona un dinero que tiene a malgastar alegremente en mesas de juego y gastos suntuarios. Adepto a la Teosofía y al espiritismo, esas aficiones le llevan a desgranar temas siguientes la estela de Poe, convirtiéndose así en uno de los raros autores españoles de literatura fantástica.
Su vida cambia radicalmente en 1929, cuando recibe una importante fortuna al morir su padre, herencia que malbarataría en poco tiempo. Milagros de la vida, el bohemio de ideas radicales se transforma de repente en un conservador monárquico defensor de la propiedad. A medida que las ideas políticas se radicalizan sus ideas se hacen más contundentes y se pasa a la ultraderecha. Emilio puede no ser fiel a sus ideas políticas, pero sí lo es a la marrullería y cuando estalla la revolución en el Madrid de 1936 salva la vida haciéndose pasar por loco.
El fin de la guerra le hace de nuevo recuperar cierta popularidad gracias a la adaptación de su novela La torre de los siete jorobados, que fue llevada al cine por Edgard Neville en 1944. Sin embargo, su gran época ya ha pasado. Muere en Madrid en 1947.

martes, 27 de septiembre de 2011

POLA OLAIXARAC



LAS TEORÍAS SALVAJES

Coincidirá conmigo cualquiera que vea la foto que ilustra este post que Pola está muy buena. Este hecho es una cosa insólita en el panorama literario generalmente dominado por feos, locos y viejos. Además de ese innegable atributo, esta chica posee otros como que es argentina y escritora. De hecho, la novela que traigo aquí ha sido un tremendo éxito en Argentina. Si a todo esto unimos que uno de mis mayores divertimentos es urdir teorías delirantes, comprenderá el lector que comienzo la lectura de la novela entusiasmado.
El entusiasmo se enfría un poco en las primeras páginas donde Pola empieza contando no sé que historias absurdas de las tribus de Nueva Guinea. Como soy sufrido y disciplinado eso no me para, sigo hasta llegar a la página 15 donde encuentro lo siguiente:
“En el año 73 la modificación del plan de estudios en psicología promovió un fuerte énfasis en los social, que orientó la carrera hacia las áreas comunitarias y el trabajo de campo. En detrimento de la formación profesional enfocada en asignaturas y obligaciones curriculares distintivas de cada carrera, el enfoque epistemológico marxista invocaba la prioridad de las luchas populares, y sólo de manera secundaria los pruritos específicos de los campos de conocimiento que no dependían del imperativo partidario”.
Supongo que todo esto satisfará a los millones de interesados en la evolución de los estudiso de psicología en Argentina, yo sólo tengo una pregunta: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?. Pola, ¿cómo pudiste hacerme eso a mí que tu hubiera querido hasta el fin? ¿POR QUÉ LOS ARGENTINOS SOIS TAN COÑAZOS?

A pesar de todo continuo, pero es por poco tiempo, en la página 19 Pola tiene a bien contarnos una “interesante” historia sobre las Transmisiones Yoicas (¿?) y el antropólogo holandés Johan Van Vliet. Game Over, dejo de leer, he aguantado 9 páginas.
Como de manera habitual no me doy por vencido echó un vistazo a su blog para ver si así me animo a seguir, su blog es moderno, delirante e incomprensible. Me entero que lleva escribiendo desde los siete años y que escribió su primera novela poco después (¡). Queriendo saber más de ella echó un vistazo a la biografía que viene en la pestaña del libro, que agranda aun más mi escepticismo e incredulidad. Pola ha estudiado Filosofía y escribe sobre arte y tecnología. Pregunta: ¿Qué sabe sobre tecnología una licenciada en Filosofía?
Adiós Pola.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

TODO ES CRUCIAL






La novela Nada es crucial de Pablo Gutiérrez es una de las mejores sorpresas literarias de los últimos tiempos. Las credenciales de Pablo Gutiérrez no pueden ser mejores, esta novela ha ganado el premio Ojo Crítico de novela de RNE y Pablo ha sido elegido como uno de los mejores narradores jóvenes hispanos en la revista Granta.
Si digo la verdad no me acerqué a esta novela con agrado, el argumento sobre unos jóvenes marginados no me atraía en absoluto, me esperaba una vez más la típica historia tremendista de yonquis, arrabales, penurias, etc. Todo ello aderezado con ese realismo decimonónico y jurásico que tanto gusta al gran público. De este error me sacó una recomendación de mi amigo Sergio.
La novela es todo lo contrario, un relato perfectamente construido en torno a las peripecias de dos personajes desamparados que logran al poco la empatía del lector. En algunas partes el texto tiene reminiscencias de la literatura infantil (los único personajes con nombres son los dos protagonistas el resto son denominaciones curiosas como el Sr. Alto y Locuaz) y, a veces el narrador empieza su intervención con “queridos niños..”
El estilo está muy trabajado, a medio camino entre la novela experimental y el realismo, no es ni lo uno ni lo otro pero tiene lo mejor de ambos. Los personajes están perfectamente construidos y su deambular se convierte en un relato tan interesante como innovador. Desde luego, no está dirigido al gran público pero el texto entusiasmara a todos los que buscan nuevas vías a la narrativa y quieran apartarse de camino trillados.
Me encantan las numerosas referencias a la cultura popular (que van desde los superhéroes de la Marcel al Señor de los anillos) y detesto cuando se pone a hacer una especie caligramas, supongo que por su supuesto estilo innovador (aunque esto ya lo hiciera Jardiel Poncela en los años 30).
En definitiva, una obra totalmente recomendable.

martes, 6 de septiembre de 2011

LITERATURA DEL OLVIDO III



ARMANDO BUSCARINI




De entre la legión de figuras peripatéticas de la literatura española ocupa un puesto de honor Armando Buscarini. Vivió toda su vida consagrada a una carretera literaria que sólo logró el escarnio de sus contemporáneos y le llevaría a vivir una existencia marcada por la miseria, los piojos y el hambre.
Aparece en Madrid en 1919 con sólo quince años, atrás ha dejando su pueblo natal de Ezcaray y una madre con la que guarda una extraña relación de amor-odio. Su pluma ya se ha consagrado a algún relato sobre su pueblo, poemas ripiosos a su prima y su primera obra Emocionantísimas aventuras de Calck-Zettin. Emperador de los detectives, que ya orientan un poco sobre el gusto estragado y el norte un tanto perdido de su creatividad literaria.
En la capital los postreros epígonos del modernismo están dando sus últimas bocanadas, en su lugar se impone la estética chocante y el mensaje un tanto demencial de las vanguardias. A los bohemios modernistas les roban el terreno unos señoritos bien que proclaman manifiestos de extraños nombres y dogmas delirantes.
Buscarini no se entera de nada de esto, para él los auténticos artistas son Alejandro Sawa y su corte de bohemios arrebatados por la estética de los simbolistas franceses, nace así fuera de tiempo, con una musa que ya está abandonada y en el olvido. Si su obra lírica está desfasada, la promoción de sus obras no es menos desafortunada. Edita folletos de apenas veinte páginas que recogen sus poemas y vende (o intenta) en la calle Alcalá en una especie de tenderete junto al edifico de Hacienda, rodeado de carteles que proclaman dudosas aseveraciones como “Ayuden al poeta más grande que ha tenido España” o “La sonrisa es la clave del éxito”. Desde luego, al ver el escaso peculio que le reportan sus obras esa sonrisa que nunca le conseguiría el éxito debió quedarse helada en su rostro. De hecho, en la portada de sus obras es habitual que salga una fotografía suya en la que siempre muestra un gesto adusto. El contenido de esos folletos que el público se niega comprar es una mezcla de verbos ripiosos de un romanticismo fermentado escritos con patadas al diccionario y errores ortográficos a discreción.
A los diecinueve años visita por primera vez el Departamento de Observación de Dementes del Hospital Provincial. Para compensar esta desgracia a la salida conoce a su amor, Elena, una joven ya enferma de sífilis que vive entre los miserables del barrio de la Virgen del Puerto. La pasión de Buscarini por Elena le inspira poemas y le convierte en un hombre viajero, puesto que cuando reúne algún dinero viajan en el tren de tercera a El Escorial. Sin embargo, Elena parece descreer de la gloria inminente que espera a nuestro hombre y decide emplearse en un burdel para menesterosos.
Buscarini queda destrozado e inicia su itinerario hacia la locura y la más negra sordidez. Comienza a frecuentar el viaducto de la calle Segovia, que el lugar preferido por los suicidas para dar un salto desde la alta barandilla hacia la nada. Al contrario que otros muchos literatos que mienten diciendo que no desean la fama y el dinero, Buscarini lo desea con un ardor de niño o de loco (“Quiero triunfar, necesito triunfar y estoy seguro de que triunfaré”, asegura en alguna de sus obras). No entiende que la poesía no es el mejor medio en una época en la que el teatro es sinónimo de éxito, como hoy en día los son las adaptaciones cinematográficas o televisivas.
Su vida se mueve entre pensiones ínfimas repletas de piojos, personajes patibularios y limosnas que algunos le dan viendo su miseria. Algunos le auxilian de manera piadosa como los hermanos Alvárez Quintero o Eduardo Marquina que le compra un abrigo que él empeña a las pocas horas para tener algo para comer. Sin embargo, lo que más abunda es la chanza de individuos que le invita a tomar el azadón o alistarse al tercio. No es raro que una de sus obras de esa época se titule Primavera sin sol.
Tanta desdicha tienen su efecto, la sífilis empieza a trastocar una mente que ya de por sí está marcada por el delirio. En 1929 desaparece de la corte para iniciar un recorrido por manicomios de Madrid, Valladolid y Logroño de los que ya nunca saldrá. Allí le esperan los fantasmas de la locura de los que ya nunca se librará. Murió el 9 de junio de 1940 a causa de la tuberculosis.
Que mejor despedida que transcribir unas palabras que Buscarini pone en el frontispicio de uno de sus folletos:
“Mi alma está forjada en la más excelsa nobleza de los más divinos ideales; la miseria la ha martilleado en el yunque de vuestro desdén, que tiene algo de delincuente. No os pido limosna, puesto que elaboro libros para deleite vuestro y de vuestro espíritu, porque tenéis el deber de hacer. Yo no tengo culpa de que mi arte no sea entendido; pero yo soy el mismo arte.”

jueves, 4 de agosto de 2011

VA DE BLOGS

Comentaba Almudena Grandes es una de sus columnas en El País que la explosión de blogs en Internet no había aportado nada nuevo al mundo literario o al mundo en general. En claro contraste con sus columnas cuya publicación conmueve al mundo, supongo.
La verdad es que los blogs no son en la mayoría de los casos más que columnas de opinión periodísticas, escritas por cualquiera (es evidente que este es un aspecto democrático maravilloso) y con carácter gratuito. Estas dos características ya me parecen algo distinto y apreciable. Que cualquier fulano pueda escribir lo que se le ocurra y publicarlo en la red me parece genial (aunque el número de lectores sea tan escaso como el de este blog). Lo segundo es que el fulano que escribe el blog no es un mercenario a sueldo, sino que mejor o peor hace un trabajo por pura y simple satisfacción personal.
A veces las columnas que vemos en los periódicos son brillantes, pero lo más común es que sean más o menos olvidables. Me contaron una anécdota de un famoso escritor que tenía una columna en El Mundo, una persona del periódico llamó al sujeto para ver si tenía lista la columna para mandarle el mensajero que la recogiera, eran los tiempos anteriores al fax y al correo electrónico. El autor dijo que sí que se lo podía mandar y que el artículo ya estaba listo, aunque no era el caso, en los diez minutos que tardó el chico de la moto en llegar el novelista hizo su columna sin mayores problemas. Creo que es un caso excepcional, pero no es menos cierto que los columnistas deben realizar su artículo cada x tiempo tengan o no ideas o ganas de contar algo. Por el contrario, el autor de un blog escribe cuando le da la gana, sin prisas, sin plazos, sin necesidad y sin recompensa.
Otra característica no menos importante es que el autor del blog puede recibir opiniones de sus lectores y responderles si ese es su deseo, sustituyendo a la antigua relación piramidal entre el autor y el público.
Dicho esto paso a recomendar algunos blogs que considero de interés:
-El de David Torres es un blog clásico, está muy cercano al columnismo periodístico y desgrana cosas que le suceden, opiniones y textos literarios dedicados a personajes que por alguna razón le llaman la atención.
-El de Rafael Reig es un blog más atípico, en el que básicamente cuenta su vida y vierte de vez en cuando sus opiniones sobre tema de actualidad.
-El de Jerónimo Tristante es un blog político y militante. Básicamente contiene críticas a la actualidad política hechas por un hombre de izquierdas sin anteojeras dogmáticas. Hasta el nombre “Demasiado perro para escribir un blog, demasiado bocazas para callarse” me parece bueno.
-El de Lector Malherido es un blog de crítica literaria descacharrante. Consigue la difícil tarea de hacer reír con reseñas sobre libros con un estilo original, humorístico y cargado de mala leche.
-Hislibris. Aunque no es un blog propiamente dicho, es en realidad una página web, reúne críticas de libros de historia, novela histórica y temas militares. Las críticas son como las recomendaciones de un amigo a otro, y ese estilo me parece mucho más convincente que el de muchos críticos supuestamente sesudos.

jueves, 21 de julio de 2011

CONCLUSIONES



Con motivo del suplemento cultural número 1.000 del ABC, los periodistas de este suplemento preguntaron a varios “destacados escritores” sobre obras imprescindibles de este siglo. Hay que tener en cuenta como se hacen este tipo de encuestas, es decir, uno pregunta a alguien que responde sin pensárselo mucho para quitarse el muerto de encima, pero aún así se pueden sacar una serie de conclusiones que expongo.

1.- La mayoría de los libros son prescindibles. Casi ninguno cita una obra que esté entre los más vendidos. De lo que se deduce que los best seller son una especie de pasto para los burros. Esta premisa nos lleva a la segunda conclusión:

2.- La mayor parte del público que compra o lee un libro es prescindible. Señores burros, perdonen que les diga, pero ustedes lectores de Idelfonso Falcones, Pérez Reverte o María Dueñas no cuentan, son una vergüenza y sería deseable que una autoridad competente impidiera la publicación de esos libros, dejando sólo espacio a las Grandes Obras. Este nos lleva a la tercera conclusión:

3.- La literatura española es prescindible. Dado el número de citas a obras de autores españoles es ínfima podemos deducir que la literatura española actual, en su conjunto, es prescindible. A pesar de que la inmensa mayoría (salvo algún latinoamericano) son autores españoles son escasísimas las obras de autores de esta nacionalidad. De hecho, son escasísimas las obras de autores que no sean anglosajones. Lo que nos lleva a una nueva premisa.

4.- Toda literatura, exceptuando la anglosajona es prescindible. Las escasas citas a autores que no sean de lengua inglesa es tal que podemos deducir que para aguantar a petardos de la talla de Saramago o Ishiguro (dos de los citados) es mejor cerrar el chiringuito y dejar en monopolio a los que saben.

5.- La lengua española es prescindible. Sé que suena radical pero así es. Lorenzo Silva y Javier Marías no sólo prefieren a autores foráneos sino que además citan sus obras favoritas en inglés. Dado la absoluta incapacidad de millones de españoles en aprender cualquier lengua es conveniente dejar en suspenso de momento esta premisa.

6.- Los autores españoles no son sólo prescindibles como escritores, también lo son como críticos. La mayoría cita a autores muy renombrados y publicados por grandes editoriales, no hay gran diferencia entre cualquier “destacado escritor” y un lector medio culto. Es más, sus gustos son bastante gregarios y parecen bastante pendientes de qué dirán.

Visto lo visto recomiendo que todos estos “destacados escritores” dejen de escribir de manera inmediata y se dedican a otra cosa, por ejemplo aprender inglés.

viernes, 8 de julio de 2011

INDIGNADOS Y LÍNEAS ROJAS






Este blog ha decidido invitar a una serie de grandes prohombres de la política española para que nos expliquen su opinión sobre la actitud de los indignados ante el Parlamento catalán. Tenemos con nosotros aquí a Artur Mas, de CIU, José Bono, del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, también del PSOE, Mariano Rajoy, del PP y Cayo Lara, de IU.
Alguno de ustedes se ha manifestado de manera contundente afirmando que los indignados han pasado unas líneas rojas que nunca deben ser pasadas. ¿No es así señor Artur Mas?
-Así es, en nuestro régimen político hay cabida para cualquier opinión siempre que no se utilice la violencia.
-Corríjame si me equivoco, pero el único herido que ha habido hasta el momento han sido el orgullo de un grupo de político altivos que se creían con derecho a todo. Salvo que consideremos herida un señor al que le pintan la calva y una señora que compra gabardinas de 3.000 euros.
-Es posible que sea así, pero en c ualquier caso, vuelvo a repetir que hay unas líneas rojas que no deben ser pasadas.
-Señor Mas, permítame una pregunta: ¿Considera usted cruzar una línea roja que hayan descubierto cuentas millonarias a nombre de su padre en Suiza?
El señor Mas se levanta INDIGNADO y se marcha de la sala.
Bien continuemos con usted señor Bono, usted se ha manifestado también de manera clara diciendo que la policía debe intervenir si se vulnera la ley.
-Así es, la ley está para cumplirla y reitero lo que dice el señor Mas, hay líneas que nunca deben ser pasadas.
-Señor Bono, considera usted que cruzó una línea roja cuando “olvido” declarar a Hacienda el negocio que tiene de hípica con el que gana 300.000 euros anuales.
-Usted ya sabe como son estas cosas, uno tiene olvidos.
-No digo que no, yo mismo soy muy olvidadizo, lo que no me acaba de cuadrar es como usted con unos ingresos limitados ha conseguido montar un gran negocio como ese. Sabiendo que usted no es muy buen administrador, ya que la comunidad autónoma que regentó durante tanto tiempo está en bancarrota.
José Bono se levanta y se marcha INDIGNADO.
-Bueno supongo que los dos representantes de los grandes partidos políticos también creerán que hay líneas que no hay que cruzar. ¿Creen ustedes que cruzaron una línea roja al pasarse por el forro la democracia interna de los partidos y ser elegidos a dedo?
Mariano y Alfredo se miran y, por una vez, se ponen de acuerdo en el acto y salen INDIGNADOS.
-Bueno, sólo nos queda usted, Cayo Lara. Visto el éxito si le parece cambiamos de tema. ¿Qué le parece esa rebelión de las bases de su partido en Extremadura para no pactar con el PSOE?
-Pues que me va a parecer fatal. Hay que apoyar siempre a gobiernos de izquierda, da lo mismo que sean corruptos, caciquiles o inútiles, lo importante es el dogma. Me parece claro que como debe funcionar un partido es obedeciendo a cuatro listos que se reúnen en un despacho y no consultado a las bases, como se ha hecho en este caso. Así pasa lo que pasa, no se si me explico.
Perfectamente, nos queda todo muy claro, hasta aquí hemos llegado. Buenas noches y Buena suerte.

domingo, 3 de julio de 2011

LITERATURA DEL OLVIDO II





PEDRO BARRANTES





Tras el post dedicado a Jesús de Aragón inicio bajo el título literatura del olvido una serie de perfiles dedicado a literatos caídos en la desmemoria o que directamente pasaron desapercibidos incluso para sus contemporáneos.
De entre la pléyade de escritores malditos y olvidados destaca la figura tremenda de Pedro Barrantes. A medio camino entre lo trágico y lo grotesco su vida estuvo marcada por su afición al tintorro, la escabrosidad y la desgracia. Por lo general la vida de los escritores no es muy afortunada (también es verdad que lo mismo se puede decir prácticamente de cualquier otro oficio), pero sin duda las desdichas a las que se vio sometido este hombre forman un caso aparte que paso a explicar.
Al igual que los personajes de las tragedias griegas, Pedro vino marcado al mundo por un destino aciago. Sus padres, naturales de León, tuvieron que huir a Valencia para escapar de las deudas a la que sus escasas capacidades como comerciantes fueron incapaces de hacer frente. Es ya desde el principio un hombre sin norte, descentrado y a merced de las circunstancias de la vida.
Como la situación familiar era bastante apurada debe ayudar a la economía familiar y lo hace buscándose un trabajo como escribano en el Gobierno Civil de Valencia donde conocerá a su mentor Ramón Chíes, librepensador republicano y radical. Corren los tiempos de la Primera República y se lanza a las que serían dos pasiones en su vida: el activismo político y el culto a la botella.
Publica su primera obra con el premonitorio título de El Emperador de los zarrapastrosos, que recoge sus primeros poemas de evidente carácter satírico. Compagina su actividad poética con la periodística en Los dominicales del Libre Pensamiento, que dirige Chíes, donde desgrana doctrinas anarquizantes y llamamientos sediciosos.
En 1890 publica lo que con toda propiedad es su primera obra poética: Delirium Tremens. Obra que tal como anuncia su título está marcada por un doble delirio: el alcohólico que le proporciona el vino barato y el estético de una poesía alucinada. Barrantes tiene treinta años pero ya está gastado por la mala vida, el alcohol, las visitas a los ínfimos burdeles y la piorrea que pronto dará al traste con su dentadura. A esa poca grata situación se une la muerte de Chíes y la nula repercusión que tiene su poesía entres los contemporáneos.
En uno de esos giros demenciales a los que son tan dados los literatos, Pedro descubre a Jesucristo y pasa de ser un anticlerical ateo a un propagandista católico. A ello contribuye su desilusión política y el triste sino que le ha marcado la vida hasta ese momento. Vuelve así al redil de la iglesia publicando en La Ilustración Católica. Barrantes abandona el barco de la bohemia y la agitación política, sus nuevos artículos cubren congresos eucarísticos, sínodos, entrevistas a curas y monjitas y glosas de homilías. Su traspaso a la reacción clerical culmina con la publicación en 1896 de su poemario Tierra y cielo, que incluye poemas de título tan sugerente como A la religión.
Sin embargo, dos años después nuestro hombre da un nuevo quiebro a su vida volviendo al alcohol y al activismo político. Decide iniciar su nueva etapa publicando una serie de libelos que pongan en la picota a las personalidades del momento funda la “Biblioteca Don Quijote”. Esta empresa, nunca mejor llamada quijotesca, le llevara directamente a la cárcel y al cementerio cuando decide publicar un volumen dedicado a una de las figuras del momento: el general Polavieja. Es conducido a la prisión donde varios sicarios le apalean y le hacen beber matarratas, quedando tan malparado que deciden meterle en una carreta que llevaba cadáveres a la fosa común del cementerio del Este. Allí recupera el sentido, entre cadáveres espolvoreados de cal viva t sintiendo como los gusanos escarbaban las llagas de sus heridas. Tal vez fue esta experiencia la que le inculcó cierto regusto por los asuntos de ultratumba y las morbosidades necrófilas, que a partir de ese momento se dan en su poesía.
Hasta ahora sólo se ha dedicado a la poesía, pero abierto a nuevas experiencias decide probar con la novela. Su primera obra lleva un título que con toda propiedad la define y que se puede aplicar a muchas otras piezas novelísticas: La cochambrosa. Sin éxito en la poesía o en la novela, acosado por la miseria y con un cada vez más acusado alcoholismo se aviene a colaborar con el periódico El País, dirigido por el radical Alejandro Lerroux.
Su labor aquí es bastante curiosa, no escribe nada pero pone la firma al pie de los artículos mas polémicos e incendiarios, asumiendo el los arrestos, interrogatorios y palizas que la autoridad competente tenga a bien realizar para la buena marcha de la sociedad. Todo ello por el módico precio de un duro. Es justo reconocer que aquel mercenario borrachín, ya casi una ruina humana, nunca delató a nadie.
Atentos a la alegre disposición de nuestro hombre para apechugar con los problemas de otros Eduardo Zamacois y el periodista Manuel Carretero solucionan el problema que tenían con Pepita Manso, una amante que compartían. Preñada de alguno de los dos, ambos pagan una modesta cantidad a Pedro para que admita ser el padre del niño que va a dar a luz.
Lo que no es discutible es la paternidad de una nueva edición corregida y muy aumentada de su añeja obra Delirium tremens en 1910, aún más escabrosa que la anterior, hay delirios de estética gore (El enterrador y yo), exaltación de la lujuria, glorificación del alcoholismo, e incluso claras invitaciones al sacrilegio.
Es su último suspiro, sabe que su vida llega y su fin y es consciente de su fracaso absoluto, para él no habrá gloría, fama, dinero o cualquier otra cosa deseable. Sólo le queda arrastrarse por las calles cubiertos de harapos y piojos, sableando a algún conocido que le calme el hambre o le invite a un chato de vino.
Para finalizar es necesario recordar la causa de su muerte, ya que roza o se sumerge en lo grotesco. Enfermo gravemente llama al médico que le aconseja que no tome ningún líquido, pero Pedro, tan poco dado al agua, no aguanta la sed que le provoca la fiebre y toma una jarra entera. Si los litros de vino consumidos durante su vida no habían acabado con él esta maligna agua lo remata en unas horas.
El médico al volver a verle encuentra la jarra vacía y el cuerpo exánime, certifica la muerte y dispone que una carreta lleve al cadáver a la fosa común de la que ya había escapado una vez. Nadie acompañó a su cadáver en su último trayecto.

sábado, 25 de junio de 2011

FRANCO, ESE HOMBRE





No sé que pasa con este hombre que al final todo parece girar en torno a él, a pesar que murió hace ya muchos años. Vuelve a la actualidad al sacar la Academia de Historia un diccionario biográfico y estalla la polémica porque le califica de autoritario y no totalitario (una verdad evidente para cualquiera que domine los dos términos, que compruebo deben ser pocos). El hecho es que un gran número de personas entiende que cualquier cosa que no sea el desprecio/insulto absoluto hacia este personaje es anatema y debe ser quemado en la hoguera.
Poco importa que muchas de las entradas hayan sido encargadas a amiguetes de los biografiados y al final parezcan más vidas de santos que otra cosa (como la que escribe Cebrián sobre Felipe González). Así que se convoca una manifestación frente a la Academia, por las “víctimas del franquismo”. Me llama la atención que muchas no habían nacido cuando el dictador estaba vivo, lo que no es óbice para que enarbolen unos carteles en los que se lee que Franco era totalitario, dictador, cobarde, fascista y asesino.
Cómo tengo una novela sobre la juventud de Franco y estudié al personaje, creo que tengo conocimientos para saber cual es la verdad sobre esas acusaciones. Si alguien duda de mi criterio, tampoco pasa nada, ya que estamos acostumbrados a hablar de lo que sea sin tener la más mínima idea del asunto. Dicho esto procedo a responder a las siguientes preguntas:

¿Era Franco totalitario o autoritario? Se entiende por totalitarios a los movimientos surgidos a principios del siglo veinte que querían crear una nuevo hombre y un nuevo mundo gracias a una doctrina que evitaba las divisiones sociales y políticas para forman una sociedad total. Estas ideologías eran los fascismos y el comunismo. Aunque el primer y gran ideólogo fue Mussolini su fascismo fue muy poco totalitario, ya que asimiló elementos ya existentes en la sociedad italiana sin suprimirlos como la monarquía o la iglesia católica. Otro caso es el nazismo y los regímenes comunistas que aplastaron cualquier institución o grupo que pudiese rivalizar con el Partido, centro de la vida social y política.
Franco era autoritario, su gran apoyo no era un partido político o una ideología, sino el ejército. Además toleró (y apoyo de manera decisiva) a una institución tan poderosa como la iglesia católica de la época. Esto no quiere decir que su dictadura no fuera férrea o que no se cometieran crímenes durante y después de la guerra civil.

¿Era Franco fascista? Franco, pese a quien le pese, no era fascista. Su credo político era el de un monárquico conservador y religioso. Mantuvo estas ideas iniciales durante toda su vida, lo que provocó que su inicial ideario, un tanto anticuado, a la hora de su muerte fuera claramente reaccionario y anacrónico.
Lo que si es cierto en que en su régimen había elementos fascistas. El golpe de estado del 18 de julio era apoyado por diferentes facciones: los monárquicos, los carlistas, la derecha apegada a la CEDA que se radicalizó ante el temor revolucionario y la Falange. Sólo a esta organización se le puede calificar con toda propiedad de fascista. Franco tenía cierta simpatía por su credo social, pero en ningún momento dio a sus líderes la oportunidad de jugar un papel directivo en su régimen, aunque sí los utilizo cómo uno de sus puntales, ya que mediante su retórica moderna y obrerista eran los únicos capaces de ganarse cierto apoyo popular.
Sin embargo, que se le califique de fascista no es nada extraño. La izquierda utiliza este adjetivo como sinónimo de autoritario, cruel o dictatorial, evitando, eso sí, las dictaduras de izquierda que siempre tienen algún rasgo positivo (un saludo al camarada Fidel).
También se puede utilizar en sentido amplio, en este caso, la palabra puede ya significar cualquier cosa, pero básicamente es algo así como el tonto, feo, malo que utilizan los niños. Por ejemplo han sido fascistas ejemplares los Estados Unidos (a pesar de hacer la primera constitución democrática y la primera declaración de derechos del hombre), De Gaulle (defensor de la democracia en la II Guerra mundial, pero fascista en mayo del 68) o la gran aportación moderna hispánica: José María Aznar.
A veces, el número de fascista pueda alcanzar proporciones estratosféricas, es el caso de vascongadas, donde cualquier no nacionalista puede recibir el calificativo como fase previa a la ejecución.

¿Era Franco un dictador? Es un hecho innegable. Por curioso que parezca, él no pensaba que actuase como un dictador. En el libro “Ms conversaciones privadas con Franco” su primo Pacón recoge como Franco tenía la idea que tenía de sí mismo no era la de un dictador, sino la de una especie de arbitro o cabeza directiva del gobierno. De hecho, muchas veces se mostraba en desacuerdo con ciertas acciones de los ministros, pero les dejaba actuar según su criterio. Obviamente eso es una mentira de las del peor tipo: las que nos contamos a nosotros mismos. Puede ser cierto que diese un amplio margen de maniobra a los ministros, pero al final quien los ponía, mantenía o quitaba era él. Hugh Thomas en su libro sobre la guerra civil española decía que nadie desde los tiempos de los Reyes Católicos había acumulado tanto poder y su aseveración me parece totalmente cierta.

¿Era Franco un cobarde? La carrera de Franco es la de un militar profesional dedicado a comandar tropas de choque, primero en los Regulares y, posteriormente, en la Legión. Sus rápidos ascensos eran la recompensa al valor y capacidad demostrada en las acciones bélicas en las que participaba. Muchos otros oficiales caían en combate, pero el parecía tener esa “baraka” que le libraba del sino que tuvieron muchos otros.
Si bien Franco demostró arrojo en sus acciones bélicas de juventud, una vez alcanzó puestos de responsabilidad desplegó una extrema prudencia. Por ejemplo, se mostró muy cauto con los gobiernos de la República y fue uno de los últimos en adherirse al golpe de estado del 18 de julio.




¿Era Franco un asesino? Sin duda, durante y después de la guerra civil se llevó a cabo una brutal represión. Desgraciadamente en la España de Franco el destino de un diputado izquierdista, líder sindical o destacado simpatizante de la causa republicana era aciago. Franco no quiso detener la violencia, ya que lo consideraba un modo de control de la retaguardia. De la misma manera en la retaguardia republicana ser sacerdote o una persona adinerada eran motivos suficientes para ser fusilados. Hecho cuyo recuerdo hoy en día es también anatema.

martes, 21 de junio de 2011

MIDNIGHT IN PARIS




La última peli de Woody Allen resulta ser una simpática película a medio camino entre la comedia y el romance. En ella se nos presenta a un atribulado norteamericano que desea vivir en París y sueña con haber vivido en la etapa de oro de los años veinte cuando escritores como Scott Fitzgerald o Hemingway estaban inmeros en el bullente mundo intelectual de la época rodeándose de artistas de vanguardia, entre ellos, Dali, Buñuel, Picasso, Man Ray, etc.
El sueño se hace realidad cuando a medianoche un coche se presenta en una de las calles de París para conducirle a esa edad de oro que tanto idealiza y que reflejó Hemingway en su obra París era una fiesta.
A mi juicio, la película trata dos temas de interés. Uno es la falsedad del mito de la edad de oro. Nunca han existido épocas maravillosas y fascinantes, todas las anteriores son un poco como la nuestra, con virtudes y defectos que se repiten de una manera casi idéntica generación tras generación.
Hoy en día muchos critican el culto al éxito y al dinero, como si eso fuera una novedad y no una constante en la sociedad desde las primeas ciudades edificadas en Sumeria. Me llamó la atención como al consultar periódicos del principios del siglo XX para documentarme en una de mis novelas, aparecían los siguientes temas: la juventud va a la deriva y no tiene objetivos, el sistema político es poco representativo, hay una gran corrupción, la situación económica es precaria, la educación está degradada, …no sigo, pero creo que con esto ya se dará cuenta el lector por donde iban los tiros en 1911, una época que está considerada la edad de plata de la cultura española.
El otro gran tema es el de los amores improbables. El protagonista está a punto de casarse con una mujer con la que tiene poco o nada en común, sin embargo, el deseo, la rutina y la inercia parecen conducir a una relación que lleva directamente hacia ninguna parte.
No es una de las mejores películas de Allen, pero se deja ver bien. La crítica, como a todo cineasta consagrado, lo pone por las nubes. No la hagan caso, sólo es una agradable película que proporciona un agradable entretenimiento y que le puede hacer a uno pensar, lo que no es poco.

viernes, 10 de junio de 2011

LA HISTORIA MAS TRISTE







Carlos Giménez, ese genio de la historieta, dibujó hace muchos años una pequeño relato de dos páginas que creo es una de las historias más tristes que he leído jamás. Su argumento es el siguiente: en la Edad Media un pueblo harto de los abusos del señor feudal decide plantarle cara. Los campesinos funden el metal que tienen a mano para fabricar una espada y un escudo con el que el muchacho más audaz del pueblo pueda enfrentarse al paladín de su opresor.
A pesar de la ferocidad del guerrero, el muchacho lucha y se acaba imponiendo, pero automáticamente el señor feudal se levanta de su sitial y declara “¡Honremos al vencedor!”. El muchacho es aplaudido por la corte y pasa a ser agasajado al interior del castillo. Las puertas se cierran y el pueblo se queda fuera igual que antes, al contrario que el vencedor que acaba de entrar en un mundo nuevo, nada ha cambiado para ellos.
Esa es la historia de ficción, ahora paso a contar una historia real: la de Javier de Paz. Veterano de la militancia del PSOE, donde ingreso con sólo quince años de la mano de su tío Jesús Macho, hoy miembro de la ejecutiva confederal de UGT. No es el único de la familia de formar parte de los círculos del poder socialista, su padre, obrero de la construcción, se hizo concejal por Valladolid.
Javier de Paz estuvo al frente de las Juventudes Socialistas hasta que al cumplir cuarenta años quedaba antiestético que un hombre ya talludito siguiera al mando del invento. A pesar que había declarado: “No soy secretario general de las juventudes socialistas porque considere que esto pueda garantizar mi futuro”. Menos mal.
A partir de entonces empieza una meteórica carrera profesional, a pesar de abandonar sus estudios de derechos y sustituirlo por una humilde diplomatura en Información y Publicidad. Si sus méritos académicos son escasos, su experiencia laboral como obrero de la construcción no parece tampoco un buen bagaje para adentrarse con paso firme y exitoso en el mundo empresarial.
Sin embargo, parece que no hay imposible para un hombre como él. Ocupa la Dirección General de Comercio Interior del Ministerio de Comercio, puesto que abandona para ocupar el cargo de Director de Estrategia Corporativa del Grupo Panrico Donuts. Después vuelve a la ubre estatal como presidente de la empresa nacional MERCASA, dependiente del Ministerio de Agricultura.
Lo que le ha lanzado a la palestra informativa no es esta envidiable trayectoria profesional sino un evento social. Me refiero a la puesta de largo de su hija, siguiendo la tradición de la derecha más rancia, en el palacio de los Duques de Pastrana (en la imagen), preciosa residencia declarada monumento de interés cultural en 1973. Al evento acuden ciento cincuenta invitados, en los que lógicamente se encuentran los vástagos de las mejores familias de Madrid. La empresa de catering encargada del evento parte de su oferta de menús con un precio de 120 euros, con lo que la factura puede ascender a unos 25.000 euros.
No hay problema porque el afortunado Javier dispone de un sueldo de 1,4 millones de euros anuales que recibe en su último puesto de trabajo como consejero y asesor de Telefónica, empresa que se dispone a despedir a 6.500 empleados en un próximo ERE. Por si fuera poco, además la economía familiar cuenta con el refuerzo del sueldo de su mujer Ana Pérez, jefa de la secretaría de Sonsoles Espinosa, ya que es amiga íntima de la mujer del mismísimo ZP.







domingo, 5 de junio de 2011

EL JULIO VERNE ESPAÑOL





Observo la fotografía de este escritor y me invade la sensación de estar observando algo raro, como si el hombre de ojos claros y mirada perdida que se asoma a ese retrato, fuera un espectro, un aparecido, una presencia extraña y sobrenatural en un mundo dominado por la vulgaridad.
Si preguntamos a cualquiera sobre Jesús de Aragón, aunque sea un erudito en literatura, la respuesta será que desconoce al autor. No es extraño, este escritor es uno de esos fenómenos extraños e inclasificables con los que nos obsequia de vez en cuando la historia de la literatura.
Se inicio en la escritura al trabajar como amanuense de un noble que disponía de una enorme biblioteca. Comenzó publicando una columna de divulgación científica en un periódico madrileño, pero su sueño era convertirse en el Julio Verne español, sobrenombre que se ganaría tras publicar catorce novelas que van desde la ciencia ficción, al esoterismo pasando por las novelas de aventuras.
Su primera obra lleva el alucinante título de 40.000 Km a bordo del aeroplano fantasma, a la que seguirían Viaje al fondo del océano, Los piratas del aire, Una extraña aventura de amor en la luna, La ciudad sepultada, La destrucción de la Atlántida, El demonio del Cáucaso y Los cuatro mosqueteros del zar, entre otras.
No hay que decir que Jesús de Aragón forma parte de los menestrales de la literatura, esa cohorte de autores que sólo pretenden entretener y hacer pasar un buen rato a los que dan con unos de sus libros de llamativas portadas en los que abundan los colores estridentes y las máquinas futuristas.
¿De que tratan estas obras? De mundos improbables, de aventuras imposibles, de personajes increíbles, todo ello surgidos gracias a la inconsciencia y el entusiasmo de los felices años veinte. De 1924 a 1934 publicaría catorce obras, a más de una por año, cifra prodigiosa si tenemos en cuenta que por las mañanas trabajaba como director financiero de Gas Madrid y por las tardes como profesor en una academia de estudios por correspondencia.
En 1934 publica su última obra de ficción Crepúsculo en la noche roja (continuación de Los cuatro mosqueteros del zar). Abandona en ese momento su carrera para guardar silencio hasta siete años después. En 1941 da un nuevo libro a la imprenta, pero el mundo ha cambiado mucho desde que comenzó su carrera en los alocados años veinte. Ha pasado un guerra civil y está por pasar una guerra mundial, si uno mira a la calle ve hambre y no máquinas futuristas.
Tal vez esos ojos claros, casi transparentes están enturbiados ya por la sangre que ha visto correr, por las injusticias o la miseria que ve a su alrededor. Su nueva obra tiene un título no menos alucinantes que los anteriores: Contabilidad de los comerciante y empresas individuales, a la que siguió poco después Enciclopedia moderna de contabilidad. Los tiempos han cambiado, ni el público quiere historias fabulosas ni el propio Jesús es ya un joven deseoso de destacar en el mundo de la ficción literaria popular, así que se dedica a las cuentas, los números y otros asuntos tan serios como prosaicos.
Supongo que su mirada clara, perdida y un tanto trastornada adquiriría el aspecto plácido de los que llevan una vida rutinaria, en la que todo cuadra y tiene su momento y su lugar. Esa mirada sosegada y triste de los que han renunciado a los sueños.

martes, 24 de mayo de 2011

VIVA LA VIDA




Que la publicidad puede ser un arte es una cosa sabida desde los carteles de Tolouse Lautrec o Mucha. Algunos de los anuncios que aparecen en televisión tienen a mi juicio una calidad artística evidente. Especialmente me gusta este anuncio de Estrella Damm que puedes ver aquí.
http://www.youtube.com/watch?v=1VRZlSSIrwY
El anuncio es un canto a la vida, a la juventud, a la amistad, a la belleza, al amor, a la diversión, a eso días cortos y felices que disfrutamos para añorarlos durante mucho tiempo. Esos días de vino (aunque aquí sea cerveza) y rosas que quedan en el recuerdo grabados a fuego con el entusiasmo que da la felicidad y el ardor de los sueños satisfechos.
Dice Ruiz Zafón que: “la vida concede a cada uno de nosotros unos escasos momentos de pura felicidad. A veces sólo días o semanas. A veces, años. Todo depende de nuestra fortuna. El recuerdo de esos momentos nos acompaña para siempre y se transforma en un país de la memoria al que tratamos de regresar durante el resto de nuestra vida sin conseguirlo”.

viernes, 20 de mayo de 2011

REBELDES SIN CASA (Y SIN TRABAJO)



Veo a los acampados de la Puerta del Sol y uno no puede dejar de sentir simpatía por ellos. Los antisistemas, esos tipos radicales y violentos que hacen que los tiburones capitalistas parezcan gente tratable, son sólo una minoría casi insignificante. Lo que se ve es gente joven, parados, jubilados, gente normal y corriente. El Partido Socialista traslada un mitín que iba a dar cerca de la plaza madrileña con excelente criterio: hay que evitar ese molesto contacto con la realidad y seguir en ese mundo de progreso, derechos sociales, igualdad, solidaridad en el que sólo creen ya unos pocos elegidos.
¿Por qué protesta esta gente? Por la corrupción, por el nepotismo, por el amiguismo, por la oligarquía incompetente que nos gobierna, porque hay cinco millones de parados, porque la mitad de los jóvenes de España no pueden hacer otra cosa que estar mano sobre mano, porque las pensiones han bajado, porque muchos que trabajan tienen contratos basura y cobran sueldos de miseria, porque la vivienda es inaccesible, porque los que se pueden permitir una vivienda se pasan la vida pagando una descomunal hipoteca por un piso que no llega a los cien metro cuadrados, porque los sueldos bajan y los precios suben, porque todo el mundo está harto.
Posiblemente de lo que este más harto es de esas pandas de bandoleros que han cambiado el asalto a los caminos por el saqueo al Estado. Me refiero a los partidos políticos, si hay algo que provoca rechazo esto es esa clase política tan corrupta como incompetente. Esos sujetos atentos a arrogarse privilegios y prebendas, importándoles un pimiento todo lo demás.
Los gerifaltes políticos parece que no saben qué hacer, la mayoría parece callar y bajar la cabeza abochornados con el firme convencimiento de que les han pillado con el carrito del helado.
Sólo dos colosos de la imbecilidad han abierto la boca, tal y como es su costumbre, para meter la pata. El primero es Pepiño Blanco, ese hombre que parece no enterarse de nada (¿alguna vez se ha enterado de algo que no sea trepar?), no se le ocurre otra cosa que pedir el voto a los que están hartos de tiparracos como él. Por torpe que sea uno siempre hay alguien que aún es lo más. Ahí entra Mariano Rajoy, no se le ocurre otra cosa que decir que es muy fácil criticar a los políticos y que entre ellos hay muy buena gente (por ejemplo Camps y sus amigos del Gurtel). Mariano deja la política y dedícate al humor, eso es lo tuyo.

viernes, 29 de abril de 2011

SPAGHETTI WESTERN









Al contrario del clásico vaquero de Hollywood los héroes de estas películas, vestían ropas ajadas, estaban cubiertos del polvo del desierto y parecían desprender olor a sudor, pólvora y sangre. No era la única diferencia, por lo general su pasado era desconocido, ambiguo o directamente turbio. Parecían huir de algo, tal vez de la justicia, o puede que de un pasado o una vida que les había llevado a los lugares desolados y perdidos donde se desarrollan sus aventuras.
Armados con sus rifles y pistolas enfrentaban a sus enemigos no se sabía bien si con el valor de los que no tienen nada que perder o la desesperación del que lo ha perdido todo. Empezaron a dominar las pantallas de los cines de barrio cuando un escuálido Clint Eastwood aceptó rodar una película en la recóndita y desierta Almería “Por un puñado de dólares”. Cuenta la leyenda que Sergio Leone le impuso llevar un poncho para disimular su delgadez, puede que fuera así, pero lo que no puedo hacer aquella vestimenta fue encubrir el talento de ambos.
A la estética dura, desarrapada y violenta se unía una música pegadiza y extraña que por sí sola ya tenía una fuerte carga épica. Sus sones eran interpretados por estridentes trompetas, raros instrumentos, silbidos y campanas que sumergían al espectador en un universo atractivo e inquietante.
Tan extraña como la música eran los nombres insólitos de sus protagonistas: Django, Silencio, Sartana, Sabata, Cuchillo o, tal vez el mejor de todos, “el sin nombre” interpretado por Clint Eastwood en la trilogía del dólar.
Los motivos de sus acciones no tenían que ver con la bondad, el amor o el desinterés. Puede que hicieran el bien, pero si lo hacían era, por lo general, buscando la venganza o el beneficio económico. Unos motivos que el público pobre y humillado de los cines de barrio comprendía perfectamente.
Los vaqueros del spaghetti galoparon durante diez años, tal y como dice uno de sus mejores títulos “Hasta que llego su hora”. En 1975, esos héroes harapientos y feroces emprendieron el galope de la misma manera que acababan muchas de sus películas, con su figura recortada contra un horizonte desolado que les llevaba a ninguna parte. Detrás dejaron algunas de las mejores películas de la historia del cine que hará que nunca caigan en el olvido.



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jueves, 7 de abril de 2011

A SANGRE Y FUEGO


En todas las épocas hay libros que deben ser enviados a la hoguera para que sus perniciosas enseñanzas no se extiendan y las miasmas de su maldad no afecten a los inocentes.

Hoy me ocuparé de uno de esas obras, me refiero a A sangre y fuego, un libro de relatos sobre la guerra civil del periodista Manuel Chaves Nogales, figura que hoy en día varias editoriales están recuperando de un inmerecido olvido.

El primer cuadernillo del Capitán Trueno tenía el mismo título. Y no puedo dejar de pensar que la guerra civil, tanto en las obras de ficción como en las “históricas”, tiene cierto planteamiento de tebeo.

El canon para contar una historia de la guerra civil lo estableció Franco en su novela Raza, aunque es mucho más conocida su adaptación cinematográfica. Hoy en día dicho canon sigue totalmente vigente. La guerra civil es un enfrentamiento entre unos buenos muy buenos y unos malos muy malos. Los buenos son individuos seráficos y un dechado de virtudes. A éstos se les opondrán otros extraídos de las cavernas infernales. No hay error posible, todos los buenos están en un lado y todos los malos en el otro, no existe la duda, el claroscuro o las medias tintas. Es una lucha entre luz y tinieblas. Para fortuna de todos, al final los buenos ganan a los malos (en 1939 o cuarenta años después).

Este es el dogma o, mejor dicho, la tontería.

Manuel Chaves se sale totalmente de la ortodoxia para ofrecernos un panorama muy diferente. Los milicianos no son figuras ejemplares, en las milicias hay cobardes que huyen del frente, grupos de saqueadores y asesinos que aprovechan el caos de la retaguardia republicana y, también, idealistas heroicos. En el elenco de personajes hay desde señoritos de buen corazón hasta falangistas feroces, pasando por comisarios dogmáticos capaces de matar a su padre (literalmente) por la causa. Nada es blanco y negro, todo tiene el color grisáceo de la realidad y el poso amargo de la verdad.

La historia personal de Chaves le hace invulnerable a la crítica. Es un hombre de izquierdas, republicano y de ideas sociales avanzadas cuyas simpatías por las clases populares se deja traslucir en cualquiera de sus relatos. No es un dogmático, no suelta sermones y sus historias no tiene afán ejemplarizante. Fue testigo de una guerra feroz cuyos ideales pronto se ahogaron en un mar de sangre y así la refleja.

En su prólogo nos hace saber que las historias que componen el volumen están basadas en hechos reales de los que tuvo conocimiento. Muchas cosas de las que cuentan no le gustan, pero no calla por el bien de la causa. Es un hombre honrado que paga su atrevimiento con en el exilio y el desprecio de ambos bandos. Sin duda, los acérrimos enemigos habrían coincidido en la necesidad de fusilar a un testigo tan molesto.

Lo dicho, no lo lean, sigan el dogma de la ortodoxia que mantendrá sus almas en la paz dichos de los elegidos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

INTELECTUALES


Paul Johnson ha escrito un gran libro dedicado al análisis de algunos de los intelectuales más importantes de los tres últimos siglos, y cuando digo intelectuales no me refiero a cualquier actor secundario de teleserie, cantante o similar, que se considera un descendiente directo de Leonardo y Miguel Ángel. El ensayo tiene un evidente afán desmitificador, tan necesario hoy en día, en que la palabra Creador o Autor puede recaer en un cocinero (perdón, restaurador) o en el que pergeña cualquier coplilla de mala muerte (perdón, cantautor).
Johnson no examina de manera pormenorizda la vida intelectual de estos últimos siglos, por el contrario se centra sólo algunos de sus figuras más relevantes. El elenco de seleccionados recoge a personajes tan dispares como Rousseau, Marx, Bretcht, Tolstoi o Sartre. A pesar de la aparente disimilitud, todos ellos parecen tener un patrón psicológico centrado en la falsedad, el egocentrismo y la inestabilidad psicológica.
Si bien uno de sus principios irrenunciables era afirmar que buscaban el bien de la humanidad, a la hora de la verdad se centraron mucho más en buscar la fama y el bienestar propio, despreciando a las personas de su entorno, maltratando y engañando a las mujeres que les rodeaban y viviendo a un nivel muy superior al de los desposeídos que decían defender. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo parece un buen eslogan para estos hombres que decían defender los intereses de las masas desposeídas pero que en realidad sólo gustaban frecuentar ambientes sociales elevados.
En las breves y ágiles biografías que componen el libro no faltan las anécdotas jugosas y divertidas. Rousseau, el hombre que defendía que el hombre era bueno por naturaleza, abandonó a sus hijos en un orfanato. Si bien atribuía al hombre genérico una bondad sin límite, él estaba rodeado por personas que buscaban su perdición, inaugurando así la figura del intelectual incomprendido con manía persecutoria. Además vestía de manera extravagante (otra de sus innovaciones que señalarían un camino a seguir) y era un tacaño obsesionado con el dinero.
De Marx asegura que sus escritos son farragosos y muchas veces incoherentes (lo que puede aplicarse a tantos otros) y que sentía desprecio por los obreros a los que ensalzaba en sus escritos. Tolstoi aparece como un terrateniente místico, obseso sexual y enloquecido, Hemingway como un borracho mujeriego y Sartre como un megalómano oportunista comprometido con el estalinismo (salvo bajo la ocupación alemana).
Aunque el autor desprecia sus vidas personales, no lo hace con sus obras. No es un ensayo que se centre en narrar cotilleos o bajezas sino que trata de dejar ver sus contradicciones. Aquello que ya decía Séneca cuando le reprochaban la diferencia entre las prácticas de su vida y el contenido de sus obras que el zanjó con un lacónico “haz lo que digo, no lo que hago”.

martes, 8 de marzo de 2011

¿QUÉ ES LITERATURA?


¿Cuáles son los materiales de los que están hechos los grandes libros? La respuesta es clara: de cualquier cosa. Es famoso el caso de Flaubert que sacó su Madame Bovarie de un recorte de la prensa de sucesos de la época. La materia que puede dar lugar a una obra maestra puede ser cualquier idea descabellada: un hombre persigue una ballena o un hombre se convierte en insecto. No importa tanto lo que se cuenta sino cómo se cuenta. Pondré un ejemplo contenido en la excelente novela El Gran Felton de Pérez Azaústre. El protagonista hace una necrológica de Charles Bronson, un actor especializado en papeles de tipo duro que a priori da poco juego para hacer literatura. Juzguen el resultado.

“Los mineros están hechos de una pasta especial como si una segunda piel les protegiera del aire contenido en un guijarro, de la inminencia lenta de los gases, de la inmanencia grave de unas vidas cosidas bajo tierra y bajo roca. Si fijan un momento en su memoria el semblante adusto de Charles Bronson, su mirada curtida en una arruga, esos ojos tan largos y encerrados en una profusión de furia escasa, de seguro lo imaginan saliendo de la boca de una mina, cargando las esquirlas de un dolor fraguado grano a grano en lo profundo. Los ojos de Charles Bronson eran los ojos de un minero, igual que esa pasta especial era también la pasta de Charles Bronson. Charles ha muerto y ahora recordamos que su primer trabajo fue minero, que su verdadero apellido era Bouchinsky y que bajó a la mina por primera vez a los dieciséis años, que era cuando bajaban entonces los chavales a la mina, en Ehrenfield y en el resto del mundo. Tras una primera representación en Filadelfia haciendo de tipo duro –el papel irrenunciable de , el primer duro del cine que supo convertirse en personaje- vinieron algunas películas que le ayudarían a destacar, como El poder invisible o Los crímenes del museo de cera. Pero fue en 1954 cuando Charles Bouchinsky decidió dejar de ser Bouchinsky para convertirse en Bronson, con películas ya insustituibles en el memoria de los cincuenta como Apache, Veracruz y Tambores de guerra. El muchacho prometía, se veía un talento mudo en la mirada, un silencio de musgo en el tortazo, un torso descubierto en la carne de una bala. A partir de ahí, los momentos de gloria de Bronson, unos sesenta que en el cine, a pesar de su papel de secundario silencioso y efectivo, fueron rotundamente suyos: quien no recuerda La gran evasión, Los siete magníficos o Doce del patíbulo, la película impagable en la que Bronson se salvó de la horca para morir en un castillo cubierto por la niebla de unos nazis. Bronson escapó de la hora pero no pudo huir de sí mismo, de la jugada muda que el destino le tenía preparada tras su aspecto invencible de minero: en 1969 se casó con Jill Ireland y era un hombre feliz. Pocos años después, se revelaba en su mujer un cáncer de mama. Ya no quedaba tiempo para hacer papeles inmortales, y había que conseguir dinero como fuera. Con el personajes que fuera.
El justiciero de la ciudad, Yo soy la justicia, El justiciero de la noche, Yo soy la justicia o La ley de Murphy fueron los resortes que pagaban los largos tratamientos contra el cáncer. Podría decirse que Bronson se convirtió en mercader de sí mismo, porque ahí había un actor, un actor grande, un Kirk Douglas con menos pretensiones y una intensidad parada y dulce. Jill murió en 1990, tras varios años de lucha contra el cáncer. Todavía vendría más películas, pero llega un momento en que los justiciero de la noche olvidan el motivo de una lucha. Bronson también, y ya quedaba poco de ese actor que aspiraba a subir como la espuma. Sólo la pistola y unos pasos. Al final, él no actuaba apenas; ya era el personaje quien interpretaba a un hombre.